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    ADVIENTO

    2010

     

    CARTA PASTORAL

     

     

    Caros Hermanos y Hermanas en Cristo:

     

                                                                   El próximo domingo, la cristiandad celebra un nuevo Adviento, y nosotros en la Iglesia Católica Liberal, como una Iglesia Cristiana Católica, pero de una profunda Tradición de Misticismo y Conocimiento que los griegos llamaron The-sophia y los pueblos indos Brahma-Vydia, también estaremos observando éste tan importante periodo del Año Cristiano, el cual es un verdadero sendero para meditar profundamente en él, como un símbolo perfecto de muchos aspectos convergentes hacia el símbolo del llamado Calendario Eclesiástico. Al respecto de dicho Calendario dice el Obispo Leadbeater en su obra: “El Lado Invisible de los Festivales Cristianos” en la Introducción:

     

    .....Dios tiene un plan para el hombre, y ése plan es la evolución. Hemos salido de El y a El debemos retornar. Los filósofos orientales nos dicen que estamos en el NIVRITTI MARGA, o sendero de retorno, y un poeta moderno vierte la misma idea en otras palabras: "Todo el propósito de la vida es justamente volver a Dios." La Iglesia de Cristo existe puramente para auxiliar a la humanidad en este proceso, y tiene muchos métodos adecuados para ofrecer esa ayuda. Uno de ellos es la disposición del Año Eclesiástico, que difiere algo del año civil.

    Sencillamente hablando, consta de dos partes, de las cuales la primera esta dedicada a presentamos en una forma dramática las varias etapas del sendero que tenemos que hollar, y la segunda a la aplicación práctica de lo que nos ha sido enseñado. En ambas partes se encuentran varias Festividades, cada una de las cuales tiene el propósito de recordamos algunos puntos que debemos tener presentes, y exhortarnos a hacer un esfuerzo especial relacionado con ellos, y para facilitar esto, se dispone que haya una efusión extra de fuerza desde los mundos superiores para esas ocasiones. Como se dice en nuestra Liturgia: "La primera parte del año Eclesiástico, desde Adviento a Pentecostés, esta dedicada a la conmemoración de los varios eventos en el drama-misterio de la vida de Cristo, que por sí misma, señaló Orígenes, tipifica la vida de todo cristiano."

     

    En este Sendero hay cuatro etapas principales. Los que han estudiado estas cosas desde otro punto de vista, saben que en las religiones orientales estas cuatro etapas son llamadas las cuatro grandes Iniciaciones. Aparecen también en el Cristianismo, pero los términos con las cuales se nombran son diferentes. La primera de ellas está simbolizada por el Nacimiento de Cristo, es la primera Gran iniciación que permite al hombre entrar en la GRAN FRATERNIDAD BLANCA, de la cual se habla en el Evangelio como del "Reino de los Cielos."

    Si consideramos al "Reino de los Cielos", como significando un mundo celestial después de la muerte, no podremos comprender estos evangelios, ni encontrarle un sentido razonable. Pero sí comprendemos que el Reino de los Cielos es una gran comunidad viviente, entonces veremos el por qué es difícil para el hombre rico entrar en él; veremos como las promesas que se hacen acerca de él son literalmente exactas, de otro modo no tendrían sentido.

     

    En la Primera Iniciación, también en el hombre ocurre el nacimiento del Principio Crístico, porque la Monada y el Ego – el espíritu y el alma, para usar términos cristianos, durante un maravilloso momento se convierten en una sola cosa.

     

    La segunda de ésas grandes etapas está simbolizada por el Bautismo de Nuestro  Señor. Pero no debemos confundir este Bautismo con aquel por medio del cual todos los niños entran a participar de la Iglesia de Cristo. Este es el Bautismo del cual hablaba Juan el Bautista cuando decía:

     

    "Yo en verdad os bautizo con agua, pero El que viene tras de mi os bautizará con el Espíritu Santo y con Fuego."

    En esa segunda Gran Iniciación hay una efusión de energía desde el Iniciador al candidato, que realmente tiene toda la apariencia de un bautismo de fuego.

     

    La TRANSFIGURACIÓN representa la tercera de estas Grandes Iniciaciones, porque durante ella, realmente la Mónada, el Espíritu, transfigura al alma y a su vez, el alma transfigura al cuerpo aquí abajo, es decir a la personalidad, como le llamamos menudo. Todas estas son ilustraciones maravillosamente apropiadas. Cuando llegamos a la Cuarta, nos encontramos frente lo que la gente considera una Iniciación terrible, aunque seguramente es una de las más gloriosas, porque en ese momento el candidato sufre lo que está simbolizado por la Crucifixión y si pasa exitosamente la prueba, está va siempre seguida por la victoria de la Resurrección.

     

    Si leemos el relato de la vida de cualquier místico que haya pasado por esa maravillosa etapa, veremos como estos eventos se siguen el uno al otro muy estrechamente, y de que manera auténtica los refleja la historia cristiana. Veremos que es usual un pequeño triunfo terrenal como el del Cristo en el Domingo de Ramos, y que luego de eso siempre los enemigos se conciertan para hacer caer en desgracia el candidato. Siempre hay un mal entendido y sobre él cae el vituperio; y por último después de todo eso, sobreviene la grande y gloriosa resurrección, libertado de todos esos sufrimientos va hacia la vida eterna, eterna con respecto a este mundo, porque el hombre que ha dado ese paso no necesita más renacer aquí sobre la tierra.

    Después de esto viene el quinto paso, el último de todos, el que conduce al hombre fuera de la humanidad y hace de él un superhombre. Esta etapa está muy bien simbolizada por la Ascensión de la tierra al cielo, y la efusión del Espíritu Santo se vierte sobre él y sobre otros a raíz de su ascenso, como fielmente refleja la historia del Evangelio.

     

    Hay muchísimos detalles en los cuales no puedo pretender entrar ahora; pero se verá que la interpretación simbólica es cuando menos coherente, razonable y sustentable. No hay ningún argumento en contra de ella, mientras que en cualquier punto se puede refutar la pretensión de que el relato es histórico. Por lo tanto aquellos que basan su fe en esa idea histórica deben cerrar los ojos ante gran parte de lo que no pueden saber si es la verdad,  en cambio aquellos que están preparados a aceptar el significado más elevado y oculto descubrirán que su fe se fundamenta sobre roca firme.

     

    Al delinear el calendario para  la Iglesia Católica Liberal, nos hemos atrevido a hacer un leve arreglo en alguna de las Festividades Menores para presentar de una manera más clara este significado oculto. En Navidad, celebramos el Nacimiento del Cristo, como lo hace todo el mundo. En el calendario Católico corriente no se celebra de manera especial el aniversario del Bautismo de Nuestro Señor, aunque muchos lo han festejado junto a la Epifanía. Por lo tanto nos hemos decidido a separar un día para ésta celebración, un poco más adelante que la Epifanía; y debido a que la Transfiguración (que simboliza la Tercera Iniciación) cae afuera de su apropiado lugar cuando se celebra el 6 de agosto, también la hemos transferido y la dispusimos entre el Bautismo (que representa la Segunda Iniciación) y Pascua (que representa la Cuarta). Así hemos restablecido una vez más estas cuatro etapas en un todo coherente y las hemos puesto en su debido orden.

     

    En la Iglesia no existe ninguna tradición en cuanto al verdadero aniversario del Bautismo y de la Transfiguración. La costumbre de celebrar esta última el 6 de agosto se introdujo en una época comparativamente tardía; creo que la primera vez que encontramos una mención a ella es en el año 850 d.C., y aún entonces parece haber sido observada en ciertos lugares. No fue antes del año 1456 que se decretó que se extendiera a toda la Iglesia en conmemoración de una gran victoria lograda contra los Turcos en ese día. Por lo tanto, como no se conoce la fecha original, pienso que no hemos cometido ninguna falta al poner esta celebración en su debido orden, de manera que el simbolismo resulte más claro a nuestros hermanos.

     

    Muchos de los eventos descritos como sucedidos en la última vida del Cristo se conmemoran en los días en que se supone que han ocurrido realmente, aunque sobre este tema hubo una considerable diferencia de opiniones a lo largo de la historia de la Iglesia. La gran serie de Festividades cuyas fechas están determinadas por la de Pascua, caen en diferentes días del mes en diferentes años; pero todas están fijadas con relación a la luna llena de Pascua, justamente como solía ocurrir en la antigua Pascua Judía.

     

    La otra serie de Festividades, tienen fechas fija puesto que dependen de Navidad; la Anunciación el 25 de marzo; Navidad el 25 de diciembre; la Festividad de la Epifanía se celebra doce días más tarde, y la Presentación de Cristo en el Templo, que comúnmente se llama Candelaria. Hay muy poca razón para suponer que cualquiera de estas fechas sea históricamente correcta, pero están dispuestas de manera que son consistentes la una con la otra....

     

    Y con respecto al Adviento, en la misma obra en el capítulo I (resumen), dice:

     

     

    ... “Entre nosotros, así como en las Iglesias de Roma y de Inglaterra, el Domingo de Adviento es lo que podríamos considerar como el día de Año Nuevo Eclesiástico. La Santa Iglesia Oriental (es decir la Iglesia de Grecia y de Rusia) observa la misma costumbre, pero se atiene al calendario no revisado y de ese modo comienza todas sus conmemoraciones doce días más tarde que nosotros.

     

    La primera gran fiesta del año Eclesiástico es el del nacimiento del Cristo, que corresponde a, y nos enseña que es, la primera de las grandes Iniciaciones. Pero la Iglesia en su sabiduría ha dispuesto que para cada una de las festividades mayores haya un cierto período de preparación, y en consecuencia, antes de la Fiesta de Navidad tenemos el período de Adviento, y que indudablemente tiene un doble aspecto, de los cuales el primero es el de ser un tiempo de preparación para la debida celebración de Navidad.

     

    No es una mera forma de hablar el decir que durante el período de Adviento deberíamos disponernos para esa festividad. La Navidad no es solamente un cumpleaños, una conmemoración del nacimiento de Nuestro Señor; es también un periodo de especial efusión de fuerza espiritual. Las grandes festividades como la de Pascua y Navidad, cuando todos nos sentimos unidos esperando ansiosos su llegada y nos regocijamos por ello, son claramente ocasiones para lo que comúnmente llamamos el derramamiento de gracia desde lo alto; y para poder beneficiarnos plenamente de tal derramamiento, es bueno aprovechar ese período de ajuste. Recibiremos más si nos preparamos en una forma adecuada; por lo tanto, durante el período de Adviento deberíamos acostumbrarnos a pensar diariamente en la Venida del Señor y en la Iniciación que esto simboliza.

     

    Los cuatro domingos de adviento están dedicados, por los místicos de la Escuela Interna del Cristianismo, a la contemplación de las cuatro cualidades necesarias para la primera Iniciación: Discernimiento, Ausencia de deseo, Buena Conducta y Amor; pero en los servicios de la Iglesia moderna no queda ninguna huella de esa disposición, con excepción de la antigua costumbre de sustituir el rosa con el violeta como color para el tercer domingo. Como se explica en nuestra liturgia (y más detalladamente en "La Ciencia de los Sacramentos") la Iglesia emplea diferentes rangos de vibración, que se muestran a nuestros ojos físicos como colores, para ayudar a imprimir en la mente de la congregación las diversas lecciones que se deben aprender sucesivamente en el curso del año. Durante los periodos preparatorios (Adviento, Cuaresma, y vigilias de los Días de los Santos) el color elegido como más útil es el púrpura, por su cualidad actínica, penetrante y purificadora. Aproximadamente a mitad de Adviento y Cuaresma, encontramos un domingo para el cual se prescribe el color rosa y en la razón de esto se han sugerido varias razones. Debido a ciertos curiosos malentendidos se han venido a considerar a estos periodos preparatorios como de penitencia y de dolor, y se supuso que el color de rosa para el domingo, fue introducido como una especie de mitigación de la pena, un alivio momentáneo en medio de las austeridades. Una teoría más verdadera es que, puesto que nuestro amor por Dios es el único motivo eficaz para intentar la auto-purificación, el repentino cambio de color a mitad del período tiene el objeto de recordarnos ese profundo y verdadero afecto que debería subyacer e impregnar todos nuestros esfuerzos, si es que hay alguna esperanza de su éxito permanente. Cuando menos queda esto como recuerdo de la alegría que deberíamos tener en todo el período, porque no es llorando vanamente sobre nuestros pecados, sino resolviéndonos seriamente a dejarlos a un lado, es la manera en que podamos prepararnos para aprovechar lo mejor posible la gloriosa festividad que se acerca.

     

     

    La Iglesia Católica ha siempre reconocido la naturaleza dual del período de Adviento, el cual es una preparación para la próxima Venida del Cristo, como también para celebrar Su nacimiento en Su última vida en la tierra. Las iglesias de Roma y de Inglaterra hablan de esa segunda venida y ordenan solemnemente a su pueblo prepararse para eso; sin embargo hay mucho mal entendido acerca de ello. En las Escrituras Cristianas, esta segunda Venida está enredada con la idea del fin del mundo, de manera que la gente que espera la segunda llegada del Cristo generalmente piensa en eso como el fin de todo el orden que conoce y así la mayoría la temen. En los sermones e himnos relacionados con la Venida, aún persiste un aire de temerosa anticipación de un terrible descenso desde el cielo físico, acompañado de pavorosos fenómenos meteorológicos. La actitud general se ve representada en algunos de los himnos de Adviento que estas personas cantan:

     

    Los impíos, llenos de culpables temores,

    Contemplan su furia dominante;

    En pena se yerguen, pero todas sus lágrimas

    Y suspiros son inútiles.

     

    Y hablan de ellos mismos como “lamentándose profundamente”, “doblegándose en profunda humillación”, etc. Debería quedar perfectamente entendido que toda esta clase de cosas no sólo son tontas, sino definitivamente crueles y blasfemas, y los hombres que enseñan tan horrible desfiguración de la verdadera doctrina Cristiana, asumen una muy seria responsabilidad, porque sin duda que difamar a nuestro Divino Padre y degradar la concepción que de El tienen Sus hijos, es un crimen de gran magnitud.

     

    Por supuesto que no hay nada de esto entre los verdaderos místicos, que han sabido siempre que Dios es amor, y nunca han temido ninguna manifestación de Su Presencia, porque saben que, Lo vean o no, El esta siempre con ellos hasta el fin de las edades.

     

    Todo temor de Dios proviene de un concepto erróneo. La Venida del Cristo esta ciertamente relacionada con una terminación; pero no es el fin del mundo, sino el fin de una edad o dispensa. La palabra griega es AION, que equivale a EON en castellano, y así como dijo Cristo hace 2000 años que la dispensa de la ley judía había llegado a su término - porque El había venido a instituir una nueva dispensa, la de los Evangelios - del mismo modo la dispensa de los Evangelios llegará a su fin cuando El venga nuevamente a crear otra. El dará siempre la misma enseñanza, la enseñanza DEBE ser siempre la misma, porque existe una única Verdad, aunque tal vez expuesta de una manera un poco más clara para nosotros ahora, porque hemos aprendido algo más. Será promulgada en algún ropaje nuevo, quizás, con una cierta belleza en la expresión que será exactamente adecuada para nosotros en los días actuales; habrá alguna exposición de ella que  llamara la atención de mucha gente.

     

    Ciertamente será la misma, porque ha aparecido en todos los credos existentes. Son muy diferentes los métodos para presentarla, pero todas las religiones están absolutamente de acuerdo en el tipo de vida que piden a sus fieles que vivan. Encontremos una considerable diferencia entre la enseñanza exotérica del cristianismo, budismo, hinduismo, e islamismo; pero si examinamos a los hombres santos de cualquiera de estas religiones e investigamos en sus prácticas diarias, encontraremos que todos viven precisamente de la misma manera, que todos están de acuerdo con respecto a las virtudes que debe poseer un hombre de bien y a los males que debe evitar. Todas las religiones nos dicen que el hombre debe ser caritativo, veraz, amable, honesto, servicial para con el necesitado; nos enseñan que el hombre duro de corazón, codicioso y cruel, el hombre falso y deshonesto, no hace progreso alguno ni tiene alguna posibilidad de éxito hasta que no cambie su manera de vivir. Como personas prácticas debemos reconocer que las cosas verdaderamente importantes en cualquier religión, no son las vanas especulaciones metafísicas en materias en las cuales nadie puede realmente saber algo con seguridad, porque éstas no influencian nuestra conducta; las cosas importantes son los preceptos que afectan nuestra vida diaria, que nos convierten en este o aquel tipo de hombre en nuestras relaciones con los demás. Esos preceptos son los mismos en todas las religiones existentes; y serán los mismos en la próxima enseñanza, cualquiera pueda ser....

     

     

    .....Pienso que al leer la Biblia Cristiana deberíamos recordar que su lenguaje es altamente simbólico. No quiero decir que todos los autores sabían exactamente lo que eso  significaba. No creo que lo supieran. Creo que también ellos se sintieron en muchos casos decepcionados, porque pusieron en los labios del Cristo palabras que lo representan como esperando volver muy pronto. Una y otra vez se le hace decir: "Hay muchos que están aquí que no morirán antes que yo vuelva de nuevo", y nosotros sabemos que ya han pasados 2000 años desde entonces.

     

    La idea de la destrucción del mundo es un gran error. Se puede objetar: "Todo el mundo cristiano lo considera literalmente, ¿cómo sabemos que es un error?" En esta Iglesia Católica Liberal nosotros adoramos y seguimos al Cristo viviente. No a un Cristo de hace 2000 años solamente sino a un Cristo que vive e inspira a su Iglesia ahora; en este momento, también El tiene sus profetas que conocen y declaran Su Voluntad, y aquellos que saben nos han comunicado que El volverá de nuevo como había dicho, y que esa Venida será pronto, considerando el tiempo terrenal. Será realmente el comienzo de una nueva era, para aquellos que están esperando recibirlo. Será un gran cambio, pero será un cambio moral y mental. El nos habló, en su previa visita, de las señales que predecirán  Su segunda venida. Si leemos lo que está escrito, veremos que la gran guerra ha sido una de esas señales; y podemos también ver que mucho será posible en forma de reconstrucción después de ella, que no hubiera sido posible hacerlo antes.   Que quede claro en nuestras mentes que El no viene a destruir al mundo, sino a enseñarnos, de la misma manera que lo hizo antes. Viene verdaderamente a reinar, pero El viene a reinar en nuestros corazones, porque Su reino no es de este mundo.

    ¿Entonces, como debemos prepararnos para su venida? Principalmente por medio del inegoísmo y por medio del servicio a los demás por El y en Su Nombre. Es necesario que las virtudes de devoción, constancia, determinación y dulzura se desarrollen en todos nosotros. Como se declara claramente en la Orden de la Estrella de Oriente, una Sociedad que existe para preparar el camino para Su segunda Venida, para ayudarnos a que nos transformemos nosotros mismos para poder recibirlo, y en la medida de nuestras posibilidades ayudar a los demás a que se preparen también.

     

    En estos tiempos, como verdaderamente se dice que El ha predicho, habrá muchos que no harán caso, muchos que estarán envueltos en los negocios y en el placer. El citó la legendaria historia de Noe, que los hombres continuaban con sus trabajos y sus diversiones y no prestaban atención a las profecías, y la inundación vino de repente y los destruyó a todos. Esta es la leyenda del hundimiento de Atlantis, un hecho histórico, aunque no ocurrió exactamente como está descrito en las tradiciones. Se dice que Cristo ha dicho, que así como fue en ese momento, así será cuando el Hijo del Hombre vuelva de nuevo. Las personas estarán completamente ocupadas en sus ocupaciones y placeres, sin pensar tan solo un poco en El, por lo tanto no lo reconocerán, no lo identificarán. Al menos debemos ser más sabios que eso, nosotros que estamos tratando de estudiar el significado interno de todas estas cosas; debemos asegurarnos de estar listos para recibirLo;  y para aquellos que así se preparen, estén seguros que un tiempo maravilloso y glorioso vendrá.

    Difícilmente nos damos cuenta, quizás, qué estupendo es el privilegio de haber nacido en esta época, de haber sido capaces de tomar parte (porque todos hemos tomado parte de una manera u otra, espero y creo) en la gran guerra de lo recto contra lo equivocado, que ha culminado hace tan poco; y aún más que eso, nosotros que  vivimos ahora podemos tener la esperanza de ver la segunda Venida de Cristo entre nosotros. Y piensen qué debería significar eso para nosotros, si lo reconocemos.

    Porque El en quien nosotros confiamos

    Será entonces visto y conocido,

    Y aquellos que lo conozcan y lo sirvan

    Lo tendrán en su corazón.

     

    Ellos conocerán la verdad y la verdad los hará libre, porque en Su Servicio hay perfecta libertad. Y El nos ha dicho que quienquiera que haga un servicio al menor de sus hermanos, para El lo hace. Esta debe ser nuestra preparación.

    Para nosotros que sabemos de la cercanía de Su Venida, el Adviento no es un período de temor, sino de alegre recuerdo y de una anticipación más gozosa aún. Nuestra actitud la expresa muy bien un antiguo himno:

     

    "Regocíjate, Regocíjate! Emmanuel, Vendrá a Tí, Oh Israel".

     

    En el período de Adviento debemos tener muy presente en nuestras mentes la necesidad de la cualidad del discernimiento con el objeto de prepararnos para nuestra propia Iniciación, y también para la Venida del Señor. Sería útil para nosotros reflexionar cuidadosamente cómo esa gran cualidad puede manifestarse en nuestros esfuerzos al difundir el conocimiento de la próxima y cercana Venida, cómo en nuestro trabajo de preparación podemos manifestar la sabiduría de la serpiente así como la inofensividad  de la paloma. Con estos pensamientos en nuestras mentes “bien podemos regocijarnos y cantar”, como nuestro himno nos dice, porque “estamos esperando con una esperanza que no puede fallar”. Hermanos, la Venida del Señor se acerca; sí, ya está en nuestras puertas. Ya está amaneciendo; pronto surgirá el sol.

     

    ¡Está viniendo! En el Este que se abre

    Heraldo resplandor que lentamente se despliega;

    ¡Está viniendo! Oh mi glorioso Sacerdote,

    ¿Acaso no escuchamos Tus campanas doradas?

     

    De éste modo  Adviento, como período tan importante en el Calendario de la Iglesia, nos abre  la mente y el corazón, como una verdadera preparación interna, a una más profunda percepción de la vida religiosa. La cual no es diferente de la vida espiritual, vivir una vida religiosa es producir un profundo cambio interno en nuestra conciencia, como Seres espirituales, dotados de la magnificencia de Dios, como nuestro Origen. Prepararnos para la senda espiritual es producir un cambio. ¿Dónde se produce dicho cambio? Para muchos en el intelecto, para otros en el corazón. Creo no podemos separar al ser humano en partes estancas separadas entre si. No podemos producir un cambio importante en nuestro interior, si el desarrollo de la mente como conocimiento; pero tampoco sin el desarrollo de un sentimiento de cada vez mayor compasión y reconocimiento hacia todo cuanto vive. Se dice, que una vida religiosa, no es tanto una práctica externa, sino más bien, una profunda vida interior, manifestándose desde  el centro de nuestra alma hacia los confines sin límites de la Existencia.

     

    Vivamos el Adviento con sencillez, vida dedicada, servicio y encaminémonos hacia la Navidad con alegría.

     

    Que el Señor les bendiga a todos.-

     

    Adviento del Señor, de 2010                               

     

      

    Miguel Angel Batet

    Bispo Comisario para o Brasil